He notado, reflexionando esta mañana en la ducha, que Madrid está en obras desde que tengo uso de razón. Y he pensado si no habría alguna relación entre mi uso de razón y el uso que los alcaldes hacen de las hormigoneras, excavadoras, taladradoras y otras tuneladoras.

Por ejemplo, cuando yo era pequeño y aún no sabía leer, el alcalde Arias Navarro (el de "Franco ha muerto" a moco suelto) cavó el primer túnel, el de la Cuesta de Moyano -que es como un suspiro, antes de entrar ya has salido- pero los alcaldes subsiguientes, mientras yo hacía la EGB y pasaba de las cartillas Rubio de caligrafía a los manuales de lengua española de Lázaro Carreter, construyeron el hoy difunto scalextric de Atocha, los túneles de "las rondas", los puentes de la M-30, etc.

Mi entrada en el Instituto coincidió con los ensanchamientos que con forceps urbanísticos operaron en los estrechos conductos de entrada a la metrópoli (de la N-I a la N-VI), y mientras yo me debatía escandiendo versos latinos, conjugando verbos ingleses y formulando química orgánica, el subsuelo madrileño se pasaba al gas natural, los teléfonos ampliaban su zanja ancha para hoy ofrecernos la banda ancha, y el Canal de Isabel II constataba que perdía por el camino el 40% de lo que salía de sus depósitos (pero decidió echarnos la culpa a los demás, aunque esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión, como decía Bastian Baltasar Bux, cuya Historia Interminable leía yo en el accidentado autobús camino del Instituto...).

Llegué a la Universidad, y en la misma sede en que me enfrenté con usucapiones, constituciones, codificaciones y otras cosas que riman con -ones, nuestros próceres socavaban, si no las raíces del Estado sí las de la Ciudad Universitaria para construir una nueva estación de Metro (la retrasaron porque dijo Leguina que no compensaba, y al mes de inaugurarla se usaba más que la de la Puerta del Sol, cabecitas pensantes) y un mega parking que por alguna absurda razón aún no han inaugurado (pero arrasaron un bosquete para construirlo).

Desde que empecé la lectura de la Crítica de la Razón Pura, de Kant, está Madrid que uno no sabe dónde poner el pie, entre torres que se alzan y calles que se sotierran, de modo que aunque estoy un poco atascado entre el párrafo que dice aquéllo de "Alles Denken aber muß sich, es sei geradezu (direkte) oder im Umschweife (indirekte), zuletzt auf Anschauungen, mithin, bei uns, auf Sinnlichkeit beziehen, weil uns auf andere Weise kein Gegenstand gegeben werden kann" y donde cuenta aquéllo otro de "Wollen wir die Rezeptivität unseres Gemüts, Vorstellungen zu empfangen, sofern es auf irgendeine Weise affiziert wird, Sinnlichkeit nennen, so ist dagegen das Vermögen, Vorstellungen selbst hervorzubringen, oder die Spontaneität des Erkenntnisses, der Verstand" he decidido dejar la lactura de tan sesuda obra, monumento de la razón, a ver si se nota un poco en el tráfico de Madrid.