La Coctelera

Invectiva

(Del lat. invectiva). 1.f. Discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo. (R.A.E.)

Los anuncios vergonzantes

Por razones que no vienen al caso he visto más tele de lo habitual estos últimos días, y he encontrado más de una serie completa de anuncios, quizá de más de 15 minutos, dedicada en exclusiva a las cuestiones vergonzantes del cuerpo humano:

  • el del señor que nos recomienda un pegamento para que no se te mueva la dentadura postiza al comer con la familia
  • el de la joven que acude a una cita romántica y ve horrorizada que le ha salido una calentura en un labio, se lo muerde, piensa en volverse a casa
  • el de Conchita Velasco y la otra que comentan sobre un fondo de blanco inmaculado que se les escapa el pis y que lo mejor es usar pañales de por vida
  • el del joven postulante a ejecutivo que llega a la entrevista de trabajo con los ojos rojos de la juerga de la noche anterior y la secretaria le recomienda unas gotas y ¡alehop! le contratan
  • el del señor maduro que tiene una cita a cenar con una señora de buen ver y se tiñe las canas antes de salir de casa para el restorán
  • el de la joven oficinista que está comiendo con sus compañeros de trabajo y entonces siente ganas de tirarse un pedo y no puede y se siente hinchada y fatal
  • el del argentino de ojos desorbitados que suda y huele mal y su novia le rechaza y entonces el chico cambia de desodorante y las chicas le acosan
  • el de José Coronado que le recomienda con la mirada a una tímida joven que coma yogur para cagar mejor
  • el del que va a la ventanilla y la funcionaria le dice que le falta una póliza de 3 y él le dice que a ella lo que le hace falta es comer cereales integrales para cagar mejor
  • el del niño que quiere ir a cagar a casa de su amigo Pablito porque allí el ambientador permite cagar mejor

No se me ocurre una conclusión, ni una invectiva, ni una bronca; estoy un poco desolado, porque estoy seguro de que aquí está pasando algo y que yo debería actuar... o mejor dicho: OBRAR.

2 comentarios

  1. También yo me había fijado en este asunto de los anuncios que exhiben las miserias físicas de la gente. Particularmente los de dentaduras postizas y los de pérdidas de orina, que hieren especialmente mi sensibilidad. Mi diagnóstico es, probablemente, simplón: lo atribuyo a la mala educación creciente, que ha alcanzado ese grado alarmante e irreversible en el que se deja de atentar contra una norma conocida y voluntariamente conculcada y se empieza a ignorar que exista. Como bien sabe la Iglesia en otras cuestiones, lo peligroso no es que se incumplan los preceptos a sabiendas, sino que se ignoren por completo y se atente contra ellos con la conciencia tranquila. El pecado -la responsabilidad moral- es menor, pero las consecuencias sociales son devastadoramente mayores. Hasta hace poco el buen gusto era una convención conocida por todos, y quien atentaba contra él lo hacía de modo consciente y deliberado, lo cual podía tener su justificación y hasta su gracia. Pero cada vez hay más gente que desconoce por completo que exista nada llamado buen gusto, y que en consecuencia lo agrede con la perfecta y feroz inocencia del salvaje. No es que nos hablen de sus pises y de sus dentaduras como provocación, como boutade o como recurso para llamar la atención: es que entra en sus hábitos hablar de sus dientes y de sus pises y de sus varices y de sus picores vaginales, y lo hacen convencidos de estar haciendo algo normal y saludable. Si este lamentable fenómeno ocurre entre los ciudadanos normales, con más motivo aún entre los publicitarios, como es bien sabido una categoría inferior de ciudadanos, desde casi todos los puntos de vista.

  2. A mi lo que me inspira compasión es la pobre gente que tiene que ganarse la vida comentando con una cámara lo que le molestan las almorranas. No tendrán vida social. Figúrate la escena: el chico llega a casa y les dice a sus padres que les va a presentar a su novia, y ¡zas! es la del picor vaginal. Yo no la invitaría a comer los domingos, si soy la suegra, lo tengo clarísimo. O a la inversa, conoces a los padres de tu novio y es el señor que está feliz porque ya no se le mete comida debajo de la dentadura postiza ¡qué papelón! Esta sociedad va muy mal, te lo digo yo.

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