Entonces, la masa de habitantes de Tolosa, llevados por un sentimiento contra la injusticia que estaba a punto de cometerse, cortó con sus navajas las cuerdas con las que estaban atados los vengadores y se puso a dar gritos junto a ellos: "¡Muerte a los judíos!", encaminándose hacia la judería. Estaba absorto en mi lectura y escritura cuendo en mi cuarto irrumpió un gran número de esas personas armadas de una ignorancia roma como un palo y de un odio afilado como una navaja. No fueron mis rollos de seda lo que les inyectó los ojos de sangre, sino los libros ordenados de mi estantería; escondieron la seda bajo sus ropas mientras que los libros acabaron tirados por el suelo, pisoteados y con las páginas arrancadas ante mis ojos. Se trataba de libros encuadernados en cuero y numerados, escritos por personas cultas, y en ellos habrían podido encontrar, si se hubiesen molestado en leerlos, mil razones para matarme allí mismo y también contenían, si hubiesen querido leerlos, remedios y bálsamos para su odio. Les dije que no los rompieran, pues muchos libros no eran peligrosos, que solamente escondía peligro uno de ellos; y que la lectura de muchos libros llevaba a la sabiduría y la lectura de uno sólo llevaba a la ignorancia, armada de la demencia y del odio. Y ellos me replicaron que en el Nuevo Testamento estaba todo escrito, que contenía todos los libros de todos los tiempos: lo que en él estaba dicho contenía todos los demás libros y, por lo tanto, había que quemarlos, y si en algún otro libro hubiera algo que no estaba en éste, el Único, entonces esos otros libros había que quemarlos con más razón porque eran heréticos. También dijeron que ellos no necesitaban los consejos de los sabios y gritaron:"Conviértete, o te sacaremos por la nuca la sabiduría de todos los libros que hayas leído".

Testimonio de Baruh David Neumann en diciembre de 1330 ante el tribunal de la Inquisición de Pamiers, según consta como traducción del tercer capítulo (Confessio Baruc olim iudei modo baptizati est postmodum reversi ad iudaismum) el Registro de la Inquisición que se guarda en el Fondo Latino de la Biblioteca del Vaticano con el número 4030, según relata Danilo Kis (1935-1989) en "Los perros y los libros" en las páginas 160-161 de "Una tumba para Boris Davidovich" en la edición de Acantilado, 2007, en poderosa traducción de Nevenka Vasiljevic.