
La otra noche, viendo una de romanos que echaban por la tele, reflexionaba yo sobre la grandeza del lavaplatos o lavavaijillas en comparación con la lavadora. No me negarán vds. que no han notado nunca en sus carnes la diferencia radical que hay, sobre todo cuando estás viendo una de romanos en la tele, entre que termine de lavar el lavaplatos y que termine de lavar la lavadora; hay, dentro de la teoría de las organizaciones, quien pensaría que los procesos a los que nos somete la lavadora son farragosos, costosos y hasta a veces redundantes, amén de insuficientes, mientras que los procesos del lavaplatos o lavavajillas son siempre suficientes en sí mismos, o casi, según. Me explico. Acaba la lavadora de lavar y entonces... hay que sacar la ropa ¡completamente húmeda!, llevarla a otra parte, más o menos distante, tenderla en cuerdas, esperar unas horas, recogerla de las cuerdas... ¡plancharla! ¡doblarla! ¡clasificarla! y ahí en todo caso acaba el proceso. En cambio ¡oh alegría! acaba de lavar el lavaplatos o lavavajillas, y basta con abrir la portezuela para que salga el vapor acumulado, y en pocos segundos platos vasos cubiertos y cacerolas están perfectamente secos, tendidos y planchados, listos para ser clasificados en los armarios. ¿No es esto hermoso?


Las cualidades que alabas en el lavaplatos y echas de menos en la lavadora son más de sus ocupantes que suyas propias. ¿Qué merito tiene el lavaplatos en que las tazas, los tenedores y las cacerolas sean rígidos e impermeables? ¿Que culpa la lavadora en que las sábanas y las camisas se empapen y se arruguen? Qué injustos somos a veces.
Pero sobre todo ¿qué relación tienen las películas de romanos con los friegaplastos o las lavadoras? ¿Qué pasa, que viste a Espartaco con el taparrabos de gladiador un poco desaseado y te pensaste lo distinto que hubiera sido todo con un buen servicio de lavandería en el Coliseo? ¿Que te impresionó pensar en la cantidad de cacharros que habría que lavar después del banquete en el que Herodes le concede la oreja, digo la cabeza del Bautista a Salomé? No acabo de verlo claro.
Y como apreciación personal tengo que decir que por mucho trabajo previo y posterior que ocasione la lavadora, para mi siempre estará insuperablemente por encima del friegaplatos. Si tengo que elegir entre fregar una pila de platos o lavar una toalla de baño a brazo, siempre preferiré el fregado de los cacharros. De un friegaplatos se puede prescindir con mas o menos esfuerzo, pero una casa en la que no hay lavadora es, sencillamente, inhabitable. Las lavadoras han hecho mas por la higiene moderna que el mismísimo doctor Semmelweis, que gloria haya.
Así que hago mío el grito de una parienta política: "Después de mi santa madre, mi lavadora"
Quien razona, razona: tus razonamientos no tienen discusión. Que la lavadora hace un servicio magnífico pero incompleto, es evidente. Ya se ha inventado un armario que plancha la ropa pero, así y todo, la cosa no es para vagos redomados, hay que sacarla de la máquina y colgarla en la planchadora y después queda el terrible trabajo del traslado al ropero...
¡Donde esté el lavavajillas!