Uno ve la tele de vez en cuando, y a veces también lee los periódicos, y se encuentra con cosas como estas:
1. Una señora que estaba enfermísima y se estaba muriendo decide dejarse morir, se muere, y aparece en las portadas de los periódicos el debate sobre la eutanasia; se nos recuerda a los ciudadanos que las leyes prohíben dejarse morir y que el suicidio es un delito (que sólo se condena en las modalidades de tentativa y de frustración); se constata que en España uno no puede tomar la decisión libremente de dejarse morir, sino que se le debe impedir la muerte.
2. Un etarra convicto y confeso, condenado por múltiples asesinatos a miles de años de cárcel, decide dejarse morir mediante una huelga de hambre, y en lugar de mirar el periódico para saber qué se hace en estos casos, se le va dejando morir lentamente hasta que se monta un debate político que en lugar de hablar de eutanasia habla de torturas; se apela a los tribunales, y finalmente los políticos y los jueces deciden que este señor ha tomado libremente la decisión de dejar de comer (para dejarse morir) y que es su decisión personal. Al final deciden que no le dejan morir, pero los argumentos son radicalmente distintos: dicen "este señor ha decidido dejar de comer como un día decidió libremente matar" en lugar de decir "este señor está cometiendo un delito de intento de suicidio". No es que haya doble rasero, es que parece que vivimos en mundos distintos.
3. Todas las noches hay en los pueblos y ciudades vascas grupos de niñatos mal criados y bien alimentados que, como dice Muñoz Molina, se disfrazan de palestinos en intifada e incendian cajeros automáticos, vuelcan coches, agreden a la gente y, cuando son detenidos, ahora son considerados como terroristas.
4. La otra noche, en Alcorcón, grupos de niñatos mal criados y bien alimentados, disfrazados de tríbus urbanas en el Bronx, pelearon en las calles, agredieron a la gente y, cuando fueron detenidos fueron acusados de gamberros. Los responsables policiales dicen que ni tríbus urbanas, ni bandas organizadas - ni mucho menos terroristas, sino vulgares gamberros, como los que todas las noches en todos los pueblos de España se pegan por las calles, con más o menos heridas, con más o menos participantes. Pero los de Alcorcón salen en todos los telediarios, en las portadas de los periódicos, se les dedica un Informe Semanal y, en general, se encuentran diversos modos de animarles a ser más salvajes ahora que son famosos y salen en la tele diciendo que son "el orgullo de Alkorkón". ¿Por qué en la tele no entrevistan a los que queman los autobuses de Llodio para preguntarles cuál es su problema o cuáles son las reivindicaciones de su tribu, y se les da la oportunidad de expresar majaderías como a los encapuchados de "Alkorkón"? ¿Por qué no detienen a los niñatos de Alcorcón disfrazados de negros del Bronx y les aplican la legislación antiterrorista?
10 comentarios
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados

¡Esta vez vam tres o mas Olés por the Odd Librarian!
Esto es poner todos los dedos posibles en todas las llagas reales.
Comparto, comparto...
¡Gran reflexión!
Te enlazo en mi blog.
No acabo de seguirte el razonamiento, estimadísima Invectiva, y, aunque no descarto que sea por mis evidentes carencias, creo, soberbio que es uno, que se debe más bien a las suyas.
Dejarse morir, esto es, negarse a recibir los medios necesarios para seguir vivo, sean estos el alimento o las atenciones médicas del caso, no es ni suicidio ni eutanasia, y no entra, por tanto, en ninguno de estos tipos delictivos, ni siquiera en grado de tentativa. Tanto la señora enfermísima como el gangster en huelga de hambre están en su perfecto derecho legal de hacerlo. En tanto uno mantenga su capacidad de decisión, nadie puede, legalmente, obligarle a alimentarse, a someterse a tratamiento, ni a ninguna otra cosa que no desee hacer, por necesaria que sea para mantenerle con vida. Y la negativa no está tipificada como ninguna clase de delito, ni de suicidio ni de nada. No como, o no me trasplanto, o no me doy quimio, porque no me da la gana, y nadie tiene nada que decir. Punto.
El problema se presenta cuando el deterioro llega a afectar a esa capacidad de decisión. En el momento en que el interesado ya no es capaz de manifestar fehacientemente su negativa a recibir alimento o tratamiento, la decisión sobre administrárselo o no deja de ser suya, y cualquier otro a quien corresponda tomarla ya no puede, legalmente, decidir otra cosa que lo necesario para prolongar la vida. La señora y el asesino pueden, legalmente, rehusar el tratamiento o la comida; quien pase a decidir por ellos cuando ellos ya no puedan hacerlo, en cambio, no puede negárselos, y tiene la obligación legal de administrar quimioterapias, alimentaciones parenterales, o lo que proceda. Si no lo hiciera tampoco incurriría ni en suicidio ni en eutanasia, sino en denegación de auxilio que, si tiene consecuencias mortales, pasa a ser, sencillamente, homicidio.
Y aquí los dos casos, que tú tratas de aunar como si fueran iguales e indebidamente tratados como distintos, pasan a ser, efectivamente, distintos.
Sobre la señora tendrán que decidir sus familiares, si los tiene y están de acuerdo, y, si no es así, el juez. Y creo que todas esas historias del testamento vital hacen que sea legal el dejar de darle tratamiento, si ella dejó claro que así lo quería, y permitir que la enfermedad siga su curso sin interferencias y la señora se muera. Tampoco aquí hay eutanasia. La eutanasia es poner medios para provocar la muerte, pero no dejar de poner los necesarios para prolongar la vida. Si le inyectas cianuro, hay eutanasia. Si te limitas a desenchufarla, no.
Sobre el hijo de puta, en cambio, debe decidir el Estado, que, cuando lo metió en la cárcel, asumió una irrenunciable responsabilidad sobre su integridad física. Mientras sea capaz de negarse claramente a comer, nadie puede obligarle a hacerlo. En cuanto deje de haber constancia de que sigue pensando así, y ya no sea posible recabarla, porque esté entregando lo que en su caso haga las veces de espíritu, no hay más narices que empezar a meterle porquerías por un tubito. Sigue sin haber motivo para hablar de suicidio. Mientras él decida, porque negarse a comer , como ya he dicho, no es ni suicidio ni siquiera tentativa, sino un derecho de cualquiera, incluidos los presos. Y cuando ya no decida él, porque dejar de dar de comer a quien se está muriendo de hambre tampoco tiene nada que ver con el suicidio: es, como ya he dicho, denegación de auxilio, complicada en este caso por la especial responsabilidad que el estado tiene sobre los confiados a su custodia.
O sea, que ni en el caso de la señora ni en el del psicópata etarra pinta el suicidio absolutamente nada, en mi modesta opinión.
Carente que es uno. Y desordenado. Y asistemático.
En tus ejemplos 3 y 4, en cambio, te doy toda la razón. ¿Qué diferencia real hay, en efecto, entre los niñatos de Barakaldo y los de Alkorkón, para que se les dé un tratamiento tan diferente? Cualquiera de los dos que tú sugieres - tratar a los gamberros de el País Vasco igual que a los de Madrid, atención mediática incluida; o, por el contrario, tratar a los de Madrid igual que a los de Vasconia y entrullarlos por terroristas - me parecería, si no acertada, al menos coherente. La diferencia de reacciones sociales se basa, por un lado, en los prejuicios y mitos que hemos decidido asociar a cada uno (unos son "xenófobos", delito horrendo; otros, "nacionalistas", derecho inalienable) pero, sobre todo, en esa misma falta de método y orden de la que tú te acusas. Si nos empeñamos en superponer, a los mismos fenómenos, mitologías, clichés mentales y, lo que es peor, legislaciones diferentes, el resultado es este triste cacao en el que dan ganas de cualquier cosa menos de mojar galletas. A mi amigo Justiniano empezó a pasarle algo parecido con su guardarropa y últimamente va a todas partes con el mismo chandal: (ver http://javiercarrascon.blogspot.com/2006/03/taxonoma-prctica.html...
Vanbrugh, aunque te de la razón (cuando la tienes, no siempre) ¡me agotas! Y que conste que lo digo con cariño.
Que alguien me explique la diferencia que hay entre un xenófobo y un nacionalista porque cada vez los distingo peor.
Cigarra, tiene el fácil remedio de no leerme. Y te lo digo con todo mi amor.
La diferencia entre un xenófobo y un nacionalista es estrictamente ortográfica: xenófobo es esdrújula y empieza por equis.