
Me pasa de vez en cuando que pido un café en la barra de un bar con la expresión que intitula este post - a veces añado "un café solo, por favor", o "un café con leche, por favor" - e indefectiblemente obtengo otra pregunta a cambio
- ¿un café cómo?
- un café (silencio de 2 segundos) por favor
Y entonces el camarero me entiende, pero no me comprende.
Y no es de extrañar. Algún sociólogo en paro debería formar un grupo transversal de estudio e investigación con un titulado en hostelería para recoger las variantes de la petición del café en Madrid; no hablo de la tradicional "mediana" o el "corto", que son formas sociales, sino de las más extendidas formas unipersonales, tan propias de este mundo en que las iniciativas sociales destacables son del tipo de la Wikipedia o de Flickr. Formas unipersonales oídas de pedir un café en Madrid son:
- ponme uno solo descafeinado de máquina
- americano con leche tibia
- con leche muy caliente y en taza de desayuno
- solo pero en un vaso grande
- con dos sobres de azucar y la leche del tiempo
- descafeinado de sobre en vaso, con leche desnatada y sacarina
- "uno de los míos"
Sin embargo, las peticiones del otro producto estrella de los bares madrileños es insospechádamente uniforme, casi de país socialista:
- una caña
¡Leches! ¿Por qué no se extiende el acérrimo individualismo cafelístico madrileño al ámbito cervecil? No crean que no hay posibilidades:
- una cerveza alemana en vaso grande con poca espuma
- un tercio de mexicana tibia en la botella
- una caña cortita de espuma y muy fría, en jarra con un asa
- me pones medio vaso de cerveza fría y medio de gaseosa del tiempo
- la mía de barril e irlandesa, del tiempo dublinés
- la quiero tostada, sin agitar la botella, de la terraza
- tira la caña inclinando el vaso un ángulo de 45º
Y así con todo: con el pan en la panadería (la mía de 34 cm, poco cocida y de tres estrías), con el periódico en el kiosco (uno en el que no vengan más de 3 injurias por página, por favor) o con las aspirinas en la farmacia (me pones unas que sean un paquete de 17, fáciles de tragar, dulces pero no empalagosas y que no sean de una multinacional farmaceútica que haga experimentos con animales tiernos y bonitos).
¡Viva el individualismo comercial!


Mi mujer siempre pide la caña "en vaso de tubo". También dice, a veces, "un tubo de cerveza".
No le sirve de nada, casi siempre le traen una cosa que detesta, una copa muy grande. Pero ella lo mismo.
Pues yo es que no soporto los vasos de tubo. Me parece de los inventos horrendos de la Humanidad, junto con el paraguas y el cortauñas.
Pero es que resulta que la forma del vaso tiene una incidencia fundamental sobre la forma de la que entra el líquido en la boca, y esta, a su vez, determina cuáles son las papilas gustativas - que no están uniformemente repartidas por lengua y paladar, como saben ustedes, sino que se agrupan acá las más sensibles a lo dulce, acullá las más atentas a lo ácido... - que saborearán preferentemente lo ingerido. De modo que una cerveza bebida en vaso de tubo, con lo que esta modalidad de recipiente impone de boquita en forma de "u" francesa, cuello estirado y cabeza erguida, NO SABE IGUAL que la que entra en el organismo procedente de una jarra de barro - boca en forma de "ja" alemán, mirada al frente, cuello relajado. -Para no hablar de la proscribible por ley "copa" de cerveza. ¿Dónde se ha visto, cerveza en una copa? Antes en una taza de desayuno, hombre, por Dios.
¡Coño, lo de las papilas gustativas no lo había pensado yo! Y es verdad, recuerdo haber estudiado algo así como que el dulce está en la punta de la lengua, el amargo en el fondo, y el salado a los lados: por eso comer piña tostada al curry es una experiencia viajera. Entonces, si la cerveza la enchufas directamente al gaznate con el vaso de tubo es para apreciar su amargor ¿no?
Si bien se examina, la pretensión cervecera de ser servida en copas obedece, sin duda, a una voluntad oculta, pero firme, de emular y hasta sustituir al vino, titular legítimo de estos nobles receptáculos. Y esta pretensión no es sino signo, resumen y metáfora , por no decir consumación póstuma, de la contienda, larga ya de siglos, entre Latinidad y Barbarie Sajona.
Por lo mismo, los herederos de Roma debemos mantenernos firmes, dar al vino lo que es del vino y, sin renunciar a lo que de útil pueda aportar al Imperio la humilde contribución germánica, no permitirle nunca que trasponga los limes que no debe trasponer. Las tropas auxiliares, en las fronteras, y la cerveza, en jarra. La civitas y la copa, para los cives.
Pues ya os quería ver yo de bares con mi coro; la cosa viene a ser así: dos jarras grandes, tres tercios, una caña, dos claras con limón en jarra, otras dos con gaseosa en copa, tres botellines y por lo menos un tercio sin alcohol. Y eso sin hablar de los mariquitas que piden coca-cola light o una fanta con el vaso caliente, que tengo mal la garganta hoy. Hay gente que existe porque tiene que haber de todo.
(por cierto Vanbrugh, ¿no te llamarás Otis de nombre?
Otis, sí señora. Otito para los amigos. Y de apellido materno, Hankinson. Pero usted disimule y haga como que no me ha conocido, no conviene que estos indios se den cuenta de nada. Parli arabique, mossiu le sheik.