
Hace unos meses la Srta. Pepis me trajo de Londres la foto que encabeza este texto: la imagen de un ejambre de moscardones espachurrados contra un libro abierto. El enigma quedaba servido, pues no había explicación (como se puede leer en la propia foto).
Yo tejí alrededor de la foto la historia de la increíble bibliotecaria menguante (he recibido ofertas de Bollywood, por cierto, para hacer de ella un musical hindi-pop).
Y ahora encuentro una posible explicación, leyendo "Don Julián", de Juan Goytisolo, donde narra cómo el personaje protagonista entra en la biblioteca de Tánger (no dice cuál) y hace lo siguiente:
"indagando en la necrópolis de los bardos y escogiendo algún recio drama de honor: de Calderón, Tirso o con razón Vega por lo siempre llano: volviendo de nuevo a tierra y regresando a tu pupitre con el sabroso botín: el guardián bosteza como si se fuera a tragar el mundo: con quijadas de bulldog: sus ojos miran hacia los verdes penachos de palmera encuadrados en la ventana y, al cerrar la boca, su rostro se agrieta y desquicia, como una estructura arcillosa que se derrumba: el lector de la enciclopedia médica se ha eclipsado misteriosamente y la señora de luto hojea en silencio sus tratados de jardinería: nada a la derecha, nada a la izquierda: libre totalmente en tus movimientos: con los libros apilados en el pupitre, erigiendo una protectora barrera entre tí y el guardián: que bosteza abismáticamente otra vez mientras tu buscas en el bolsillo izquierdo de la americana y sacas la fúnebre y recatada bolsita: tu pequeño capital: cifrando velozmente el modesto, pero salutífero haz de posibilidades: moscas, hormigas, abejas, tábanos: quizás alguna araña opulenta y velluda: vaciando el contenido sobre el hule, en apetitoso montón: insecticida catástrofe no registrada en los anales que tú observas y abarcas con resolución pronta y fría: alcanzando el primer volumen de la pila y depositando entre sus páginas una hormiga y seis moscas: en el quintaesenciado diálogo entre Casandra y el duque: esto disponen las leyes del honor, y que no haya publicidad en mi afrenta con que se doble mi infamia: cerrando de golpe, zas!, y aplastándolas: ojo avizor, cuidando que el guardian no te descubra mientras abres el libro y compruebas morosamente el resultado: con el prurito aperitivo del viejo catador: espachurradas, la masa abdominal por fuera: indelebles manchones que salpican la peripecia dramática y la contaminan con su fluente viscosidad"
Dice la profesora Susana Nelda Nager que dice el profesor Jesús Lázaro que "se trata de un caso de intertextualidad entre Cervantes y Goytisolo: el escrutinio en la librería de Don Quijote realizado por el cura y el barbero (I, 6) tiene su correlato en la secuencia de la biblioteca donde el personaje narrador de Reivindicación del conde don Julián realiza un recorrido de autores y obras de la literatura española “cernida en lentos siglos de tradición”e introduce insectos en los libros."
Dice el profesor Manuel Durán: "Chiste, parodia, visión onírica o profética: tres etapas de la destrucción de esa «madre-madrastra» que es la tradición hispánica (...) La actividad más visible y sistemática del héroe es, en cierto modo, un chiste, una broma pesada llevada a cabo contra el espíritu mismo del idioma: después de matar y recoger cuidadosamente un buen número de insectos, se dirige repetidas veces a una biblioteca de Tánger en la que deposita estos insectos entre las páginas de los dramas calderonianos o los florilegios de poemas del Siglo de Oro, o, mejor dicho, del Siglo de Cartón Dorado (...) El gesto del joven español que la novela describe es, en el fondo, una operación de homeopatía: la cultura española está anquilosada, es una inmensa fachada, un caparazón vacío; hay que combatirla con algo semejante, con el caparazón de insectos muertos"
Y ya lo último: la Biblioteca del Instituto Cervantes de Tánger tiene 6 ejemplares de esta novela, en un claro caso de intertextualidad fagocitadora bibliotextual insectotecaria. Lo que no sé es cómo terminó en Londres el libro apachurrado en Tánger: será un caso de bibliovolatilidad transoceánica mixtitéxtica, digo yo.