La Coctelera

Invectiva

(Del lat. invectiva). 1.f. Discurso o escrito acre y violento contra alguien o algo. (R.A.E.)

Categoría: hijos

Mis líos con el Hampa

Tenía ganas de que mis hijos alcanzaran la edad escolar sólo por una cosa: por hacerme socio de la Asociación de Padres del Colegio, que desde niño fue una de mis ilusiones insatisfechas. De modo que, dicho y hecho, al poco de matricular a la mayor me informé de los medios y modos de asociarme con otros padres, y la secretaria del cole me informó amablemente cómo contactar con " el AMPA"; "¿el Hampa?" no tenía pinta de ser de los bajos fondos, la señora, de modo que corregí "¿el APA?"; "no, contestó ella, AMPA, asociación de madres y padres de alumnos". Salí por un momento de la secretaría para rezar en silencio por tantas madres de alumnos, durante años de predemocracia y postransición silenciadas bajo la P paterna. Volví a entrar, le agradecí, y me asocié. Me gané la confianza del AMPA-Hampa, y pasado un tiempo me quité la careta y propuse en una preasamblea quinsemanal que, para romper la homofonía AMPA - Hampa, y teniendo en cuenta los artículos que en la Constitución Española de 1978 alaban la igualdad de oportunidades sexuales, que si a la APA de mi niñez le añadieron una M de las madres habíase quedado en Asociación de Madres y Padres de Alumnos, lo que discriminaba de manera más explícita que en el Antiguo Régimen a las niñas, las alumnas; dije que si la P de padres no englobaba las madres, la A de alumnos no englobaba las alumnas, por lo que la única salida digna del AMPA - HAMPA sería reconvertirse en AMPAA, Asociación de Madres y Padres de Alumnas y Alumnos. No sólo no aceptaron mi moción sino que me destituyeron de mis cargos, me expulsaron de la asociación y no me saludan por la calle. He fundado, pues, una Asociación de Padres de Alumnas, en la que sólo permito la entrada de varones, progenitores de hembras; una vecina mía, desocupada, ha fundado la Asociación de Madres de Alumnos, formada por hembras fautoras de machos; finalmente, su cuñado creó la Asociación de Padres de Alumnos (APA), en la que sólo admite machos padres de machos, aunque en Ayuntamiento está estudiando su disolución para quedar bien el 8 de marzo, que será jornada de reflexión electoral.

17 preguntas estúpidas que harás a tu hijo


1 ¿Y por qué lloras ahora?
2 ¿Cómo se abrocha esto?
3 ¿Otra vez te has hecho caca?
4 ¿A quién quieres más?
5 ¿Qué tal en el cole?
6 ¿Quieres ponerte los zapatos de una vez?
7 ¿No pensarás ir así al colegio?
8 ¿Qué significan estas notas?
9 ¿Quieres apagar la luz de una vez?
10 ¿A qué hora piensas volver a casa?
11 ¿Dónde dices que te vas a poner ese piercing?
12 ¿Quién es ese chico tan raro con el que vas?
13 ¿Te has creí­do que esto es una pensión?
14 ¿Has bebido?
15 ¿Este año acabas la carrera?
16 ¿Estás buscando trabajo?
17 ¿Has pensado en tu futuro?

[Originalmente publicado en octubre de 2005 en Xanga]

Borriquitos con chándal

Acabo de enterarme de que le han dado a Rafael Sánchez Ferlosio el Premio Cervantes 2004, de modo que como tenía programada una invectiva sobre el chándal, ahí va un texto suyo que no tiene nada que ver:

Borriquitos con chándal

Rafael Sánchez Ferlosio
1(Estado de la cuestión). Parece que sigue estando en discusión la dualidad entre enseñanza pública y enseñanza privada. Al distinguir la segunda con la sola determinación de «privada» se pasa en silencio el rasgo en que habría que haber puesto antes el acento: «de pago». Como tal discusión se ha centrado en la reivindicación del derecho de la libertad de enseñanza, se ha dejado de lado este factor principal: que los papás y mamás que reclaman la libertad de elegir para sus hijos la enseñanza que crean conveniente tienden a mandarlos «a colegios de pago». Sólo los de mi ya avanzada edad recordarán el enorme valor que tenía la fórmula «Un muchacho educado en los mejores colegios de pago», como una credencial cotizadísima no sólo para lograr un puesto sino incluso para contraer matrimonio. La diferencia está en que mientras hoy hay muchos colegios de pago, y que pueden por tanto contratar profesores más caros, que están en manos de laicos, en mis tiempos casi todos los colegios de pago eran de religiosos. Y esta diferencia aparejaba, además, lo siguiente: un colegio de jesuitas, por ejemplo, sacaba todos sus profesores, salvo raras excepciones, de la propia Compañía de Jesús; profesores, que, al estar sometidos al voto de pobreza, no recibían remuneración alguna, de modo que los colegios de pago de los jesuitas, por mucho que la Compañía se reservase un mayor o menor porcentaje de ganancia para las atenciones y finalidades de la propia institución, podían mantener los precios a un nivel por lo menos relativamente bajo, aparte de admitir un cierto número de becarios. Conozco algún ingeniero becario del ICAI que guarda un gran recuerdo de gratitud por el comportamiento y las atenciones que tuvieron con él los jesuitas. Por otra parte, estaría muy equivocado el que pensara que aquellos profesores jesuitas, sin salario alguno, fuesen mínimamente incompetentes en sus asignaturas respectivas; por el contrario, yo mismo, habiendo estudiado cuatro años en el internado de Villafranca de los Barros, puedo dar fe de la excelente calidad académica que en todas las asignaturas exigían y lograban los jesuitas de su profesorado. (Lo cual, por lo demás, pertenece a la gran tradición de la Compañía de Jesús, que desde su fundación cuidó de manera insuperable el saber de sus profesores, y al prestigio académico de sus aceleradamente crecientes fundaciones escolares se debió el inmenso papel de recuperación católica que se le reconoce en la Contrarreforma; recuperación de elites, desde luego, pero no por vanidad mundana, sino por pensar que dada la importancia capital de la opción religiosa de los «príncipes cristianos» y de sus Cortes, había que empezar por «los de arriba»). Otro caso algo distinto era el de los colegios de pago femeninos de las monjas del Sagrado Corazón, cuyos estatutos obligaban a admitir una becaria por cada niña de pago que tuviesen, de manera que la matrícula de cada niña rica costeaba a la vez la enseñanza de una niña pobre. Hasta aquí todo muy monamente cristiano, salvo que la segunda parte era que las alumnas pobres, vulgarmente designadas como «las gratuitas», traían unas batitas de rayadillo muy modestas frente a los elegantes e impolutos uniformes azules de «las de pago», entraban y salían por otra puerta diferente y no recibían, desde luego, las mismas enseñanzas: tal vez un barnizado de «cultura general», contabilidad para dependientas de comercio, acaso mecanografía y taquigrafía o bien costura a máquina y corte y confección... no querría ser calumnioso, pero parece que la idea era la de prepararlas para los oficios o empleos «propios de su clase», a lo que hay que alegar que las grandes diferencias de clase y económicas no las habían inventado aquellas monjas, sino que están ya en la estratificación, casi fosilizada, de nuestras sociedades, y ellas sabían que las familias pobres necesitan que sus hijos ­hijas, en este caso­ se pongan a ganar un sueldo lo más pronto posible. Peor estaban las cosas, sin embargo, en algunos colegios de monjas de otras órdenes menos distinguidas que la del Sacre Coeur: allí «las gratuitas» ejercían literalmente funciones de criada con respecto a «las de pago», aunque, eso no, no cada una de ellas individualmente adscrita a una determinada niña rica, como en los conventos de Damas Nobles de nuestro siempre admirable Siglo de Oro, donde aquellas señoras solían entrar en religión con todo un «cuerpo de casa» adscrito a su servicio personal. «¡Hasta ahí podíamos llegar!», dirán ustedes. Ya me hago cargo, ya. Por lo demás, la que parece que ya entonces lo tenía bien claro, era Santa Teresa: «¿La duquesa monja? ¡El convento está perdido! dicen que dijo cuando la Princesa de Éboli ­Duquesa de Pastrana­ anunció su intención de meterse a carmelita descalza. Pero la vocación se le voló tan rápida como le había venido.

Biografía del autor:
Rafael Sánchez Ferlosio (räfäĕl´ sän´chĕth fārlō´syō) nació en Roma en 1927, de padre español y madre italiana. En 1952 publicó su primer libro, Industrias y andanzas de Alfanhuí. Cuatro años después, en 1956, publica El Jarama, que obtuvo el Premio Nadal y el Premio Nacional de la Crítica, y se convirtió, desde su aparición, en uno de los títulos claves de la narrativa española del siglo XX. También como novelista ha publicado El testimonio de Yarfoz. Entre sus obras de ensayo cabe destacar Vendrán más años malos y nos harán más ciegos (1993), que ganó los Premios Nacional de Ensayo y Ciudad de Barcelona en 1994, y El alma y la vergüenza (2000). Colabora habitualmente con la prensa nacional.

[Originalmente publicado en diciembre de 2004 en Xanga]