
Este año no se portaron del todo mal los Reyes Magos conmigo, y tuvieron la deferencia de dejarme un libro, un buen libro que voy leyendo a ratazos. Se trata de "Correr tras el propio sombrero (y otros ensayos)" de Chesterton, y en uno de sus ensayos he visto cosas que me han recordado otras cosas que he visto en otros sitios por estos 3 días de febrero:
"Hay un considerable número de pruebas que demuestran el hecho ciertamente sorprendente de que la Biblioteca del Museo Británico, además de sus múltiples servicios, desempeña muchas de las funciones de un manicomio privado. Hombre y mujeres, que en una época menos humana habrían estado aullando en Bedlam sobre un montón de paja, van y vienen silenciosamente por ese vasto palacio del conocimiento, saquean una sabiduría secular y son atendidos por los funcionarios del Estado. Se dice que no es raro que las familias que tienen un loco inofensivo a su cargo lo envíen a la Biblioteca del Museo Británico para que se entretenga con dinastías y filosofías, igual que un niño enfermo juega con sus soldaditos (...)
En esa biblioteca pueden verse personajes tan extraños y deshumanizados que podrían haber nacido y muerto en la Biblioteca sin ver la luz del sol. Parecen un pueblo fabuloso y subterráneo, los gnomos de las minas del conocimiento. Pero sería apresurado e irracional decir que todo eso equivale a la locura. El amor de una rata de biblioteca por los viejos folios mohosos podría, con facilidad, ser más ser más cuerdo que el amor de muchos poetas por el sol y el mar (...)
...el problema de la locura de la erudición sigue estando presente. Los libros, como todas las cosas que son amigas del hombre, son capaces de convertirse en sus enemigos, de alzarse en rebeldía y de asesinar a su creador. El espectáculo de un hombre presa de una fiebre cerebral por los misterios de un panfleto absurdo o de un jirón de papel que lleva en el bolsillo, tiene la misma majestuosidad irónica que ver a un hombre atropellado por una locomotora (...) Esta cualidad diabólica de los libros existe en realidad; la locura aguarda en las silenciosas bibliotecas, pero la naturaleza y la esencia de esa locura sólo puede definirse de forma aproximada."
En estos mismos días estamos viendo cómo la locura avanza, se extiende fuera de los libros y ocupa tambien los periódicos y los diarios de sesiones de los parlamentos, nacionales y autonómicos. Veamos ejemplos de locura de los papeles:
Según fiables estudios y estadísticas, no más de un 16% de la población española tiene una idea aproximada de para qué sirve un archivo histórico; menos de un 3% ha puesto sus pies en alguna ocasión dentro de un archivo histórico; menos de un 1% ha hecho uso alguna vez en su vida de los servicios prestados por un archivo histórico. Y sin embargo: cientos, quizá miles de ciudadanos se han manifestado por las calles de sus ciudades ¡en relación a la ubicación física de los originales de unos cuantos documentos de un archivo histórico! ¿Alguien se lo cree? ¿El hecho de que una sección del Archivo Histórico Nacional reposara en Salamanca había hecho que durante los últimos 60 años algún salmantino se sintiera propietario de ellos? ¿El hecho de que en Barcelona poseyeran copias perfectas de todos y cada uno de esos documentos desde hace bastantes años les hacía sentirse esquilmados? ¿Cuántos de los ciudadanos manifestados sobre la ubicación física de unos papeles suelen consultar esos mismos papeles en Internet, donde están también todos y cada uno de ellos desde hace años? ¿Se sienten los habitantes de Guadalajara dueños de los millardos de papeles que el Archivo General de la Administración posee en sus pagos? ¿Sienten el dolor de su honor patrio cada vez que un proceso de expurgo convierte en cenizas toneladas de declaraciones de la renta pasadas de fecha? ¿Cómo es posible que hasta ahora no se hayan producido tumultos de marineros gallegos ante las puertas del Archivo General de la Marina, ubicado en El Viso del Marqués, provincia de Ciudad Real? ¿Cómo consiguió acallar la policía la revuelta popular que a buen seguro tuvo que haberse organizado en Getafe cuando las compañeras de la biblioteca bajaron al 2º sótano los años 1994-1997 de las revistas?
Otro caso: el pasado mes de octubre un tabloide egipcio publicó unas viñetas gráficas, unas caricaturas de Mahoma, alabado sea el nombre del Profeta. La noticia no trascendió más allá de ciertos barrios cairotas, y sus consecuencias fueron animadas charlas de café. Meses más tarde, otro tabloide mucho más lejano, en Dinamarca (o Noruega ¡qué mas da!) publica lo mismo y... parece que va a estallar la 17ª Guerra del Golfo. Bush y Putin opinan. Se queman embajadas de países europeos. Muere gente en las revueltas callejeras de los países árabes (incluído el propio Egipto que contempló con estoicismo las mismas caricaturas hace meses). Hay una crisis mundial, donde los perjudicados son... (premio para el acertante) los musulmanes, los árabes, los habitantes de los países de mayorías árabes... los malos de siempre, que ¡vaya hombre! ya nos han vuelto a dar una muestra de lo imposibles que son de tratar. ¿Alguien podría decirme cuántos tabloides noruegos (o daneses ¡qué mas da!) se suelen vender en Beirut, Ramala o Kabul? No será que alguien que siempre se beneficia de que las cosas vayan mal les dijo: "¡Pero mirad lo que publican esos perros infieles!". Vamos a ver: hace otros cuantos meses vimos en todos los periódicos españoles de gran tirada una foto de portada con el imbécil de Maragall haciéndole una foto al gilipollas de Carod con una corona de espinas en una calle de Jerusalén (la dorada, la eterna, la mil veces vejada) ¿Por qué no hubos multitudinarias manifestaciones de integristas cristianos - que los hay y muchos y muy fuertes- gritando "Muerte a Cataluña" o cosas por el estilo? Os lo diré: porque hoy por hoy no hay nadie que se vaya a beneficiar del malestar de los integristas cristianos, y sí hay quien se beneficia del sangriento batiburrillo inextricable en que se encuentra el Islam.
Tercero: La FAES, que es el think tank del PP y está presidida por José Mª Aznar, anterior presidente de nuestro Gobierno, ha editado recientemente un libro que no le leído más que en la crítica que le publicó un medio tan poco sospechoso (para ellos) como el ABC, y que se llama "El fraude del buenismo", coordinado por Valentí Puig. Por lo que cuenta (insisto, el propio ABC), el libro debe de contener 96 páginas de sistemático taladro de lo que con una sonrisita burlona la gente llama "el buen talante". No arremeten sólo contra la política del actual Gobierno del PSOE (en quien yo, personalmente, y por si acaso, confieso que confío tanto como en un mono con dos pistolas) sino en general contra todo lo que pueda oler a "bueno"; arremeten contra el "sentimentalismo expansivo" que dicen padecemos en política; contra el pacifismo en Defensa, contra el multiculturalismo con los inmigrantes, contra la solidaridad económica, contra el diálogo como herramienta educativa. Dice por lo visto el compilador "Si todo el mundo es bueno, el mal desaparece". Qué duda cabe de que no, de que el mal existe, de que el Demonio anda entre nosotros, de que el infierno tiene coordenadas geográficas. Recientemente el Vaticano ha admitido que lo del Pugatorio nunca se lo creyeron demasiado ni los propios teólogos; respecto al Infierno tienen que mantener serias dudas cada vez que abren un periódico.
Conclusión:
CREO, DECIDIDAMENTE, EN LA CONSPIRACIÓN.
[Originalmente publicado en febrero de 2006 en Xanga]