Nadie está libre de que le plagie un colega, y para demostrar que los bibliotecarios no sólo no estamos libres de ello sino que, lo que es más, somos asíduos plagiadores, os voy a contar una de romanos. La historia es larga, quizá no demasiado divertida, pero en mi opinión de alto contenido poético toda vez que reúne surrealmente a la Familia de Felipe II con unas mandíbulas de cachalote y ofrece bellas imágenes oníricas y expresiones con salero y gracejo castellano, que subrayaré pertinentemente.
La culpa de todo la tienen los libros que voy leyendo.
Leí este texto, que me dio por investigar:
"A El Escorial llegaron en 1575 los huesos de una ballena, justamente el mismo año en que Felipe II hacía ingresar en este edificio, procedentes de la Catedral de Toledo, unas "quijadas del pece", y años más tarde (1582-1583) aparecieron un elefante y un rinoceronte; entre las cosas curiosas de la donación regia al Monasterio de 1587 aparece un "pellejo de animal que llaman armadillo, cubierto todo de conchas, que dizen ser animal de mar y tierra y que los ay en el Pirú"."
Fernando Checa. Felipe II, mecenas de las artes. Madrid: Nerea, 1997.
Y seguí leyendo, en fuentes antiguas, eso de la ballena (del elefante y el rinoceronte no he encontrado aún nada, pero ya os contaré). Leí tres crónicas antiguas escritas por bibliotecarios del Escorial, y encontré lo siguiente:
"Diré otro particular tras este (alguno se holgará de saber estas menudencias): estando aquí el Rey y la Reina Doña Ana con las señoras Infantas Doña Isabel y Doña Catalina y los dos Príncipes Alberto y Wenceslao, hermanos de la Reina, este mismo año de 1575, trajeron las quijadas de aquélla descomunal bestia, que vino á morir á la Albufera de Valencia, que llamó el vulgo pez mular, siendo cosa tan distinta; porque no he visto quien haya hecho memoria de esto, la daré aquí brevemente, pues están presentes los fieles testigos de este monstruo de la naturaleza, y no nos espanten sus obras admirables cuando la refieren autores graves, y en ellas alabemos al Criador. Dia del Corpus-Christi, el año antes, apareció muerta en aquella playa esta disforme bestia; tenia ciento cincuenta palmos en largo, la corpulencia, ó grosez, ó ancho por el medio, como una torre que sería en contorno como unos cien palmos, la cabeza tan grande que podian estar siete hombres en el cóncavo de los sesos, por la boca entraba un hombre sobre un caballo, las quijadas que están aquí, á nuestros ojos, colgadas, cada una tiene diez y seis piés de largo, á veinte dientes por banda, algunos de á media vara, los más menudos de á palmo, los ojos como dos rodelas, y dos alas como de galera cada una, los miembros de la generacion (por lo que llamaron pez mular), de desmesurada grandeza; dicen que más allá del Estrecho de Gibraltar le tiraron desde una nave con un cañon fuerte y le quebraron una ala; herido, con la rabia y furor entró por la canal del Estrecho, dando espantosos bramidos, y llegó hasta esta playa, donde murió. Fué cierto que en muchos días no se tomó un pez en ella, porque huyeron todos, bien fuese del miedo, bien del mal olor que dejó de la corrupcion en el agua. Algunos curiosos dicen que este pez es de los que llaman Lámias, por la grandeza y por otras partes que se semejan á las de éste; le llaman Lámia por el gran tragadero ó garganta, y tambien le llamaron Carcario por la aspereza y agudeza de los dientes; dicen que se ha visto de tanta grandeza que no lo podian llevar dos carros, hechos pedazos, y que se han hallado hombres enteros dentro, y que creen sería de éste género la bestia ó ballena que trajo Dios para que se tragase a Jonás. En Esaías y Jeremías, donde se hace memoria de Lámias, no se entienden de estos peces, sino de otros monstruos diferentes, en lo que se llama ballena entre nosotros; es un vocablo genérico, que en hebreo se llama Leviatan, y en Jonás no se dice en particular qué género de pez fuese, sino en común, un pez grande; en los autores no hallo hecha memoria del miembro viril de esta bestia, que por ser cosa tan notable, si fuera alguno de ellos de este género, y describiendo las demás partes, pienso que no callaran ésta, especialmente los que tan despacio contaron los dientes y pintaron sus diferencias; sólo hallo en Gemerio, que le envió un amigo suyo la descripcion de un Canis Carcaria, hembra, que tenía sexo femenino, y así imagino que este nuestro era el macho de aquella especie, porque tambien la hace de mucha grandeza; todo cuanto refieren los autores no tienen que ver ni igualan con la grandeza de esta bestia, y pienso que en muchos siglos no se ha visto cosa semejante; quedo esto dicho por si otro no lo dijere."
Historia primitiva y exacta del Monasterio del Escorial, la mas rica en detalles de cuantas se han publicado. Escrita en el siglo XVI por el Padre Fray José de Sigüenza, Bibliotecario del Monasterio y primer historiador de Felipe II, arreglada por D. Miguel Sánchez y Pinillos. Madrid: Imprenta y Fundición de M. Tello, 1881.
Osea que el Padre Sigüenza, segundo bibliotecario del Escorial (el primero fue Arias Montano, otro qué tal) dice "quedo esto dicho por si otro no lo dijere". Que te crees tú eso. Dos bibliotecarios más del Escorial, siglos más tarde, nos cuentan lo mismo, cortapegando el texto del buen Padre Sigüenza.
Allá van:
"En este mismo año (1575), hallándose aqui el rey con toda la real familia, vinieron á presentarle las quijadas de un descomunal pez, cuyas dimensiones, si no se vieran descritas por dos tan graves testigos como el P. Sigüenza y Cabrera, que vivían y escribieron en aquella época, parecerían una fábula. Tal vez seria una enorme ballena, pero daré las noticias que trae el P. Sigüenza, para que se pueda formar idea, aunque la designa con otro nombre. Desde una nave que se hallaba en el Océano, no lejos del estrecho de Gibraltar, descubrieron los marineros un enorme monstruo marino que les puso espanto. Le tiraron un cañonazo, y la bestia herida en una de las aletas rompió por el estrcho con espantosa violencia y fue á encallarse en la playa de Valencia, junto al lago de la Albufera, donde la encontraron muerta el dia del corpus de 1574. La longitud de su cuerpo era de ciento cincuenta palmos, y su grueso por lo mas ancho como una torre de cien palmos de circunferencia. Tenia la cabeza tan desmesuradamente grande, que podian colocarse siete hombres en el cóncavo de los sesos; por su boca podia entrar cómodamente un hombre á caballo, y sus ojos eran grandes como una rodela. Eran ademas de admirable grandor los miembros de la generacion, y sus dos alas eran como las de una galera. Tan colosales dimensiones se conciben á vista de las quijadas que se conservan, que tienen cada una diez y seis pies de largo, con veinte dientes por banda, algunos de media vara, los mas pequeños de un palmo. El vulgo lo llamó pez mular por la semejanza de las partes generativas con el mulo, mas el P. Sigüenza, es de opinion que podria ser un canis carcaria macho. Felipe II quiso que estas enormes quijadas se conservasen en San Lorenzo para admiracion de cuentos las viesen, y para memoria de haberse cogido en su tiempo animal tan poco conocido y disforme. En consecuencia se colgaron de unas argollas de hierro en el lugar donde todavía se conservan, que es el zaguan que hay entrando por la puerta de las cocinas."
Historia del Real Monasterio de San Lorenzo, llamado comunmente del Escorial desde su origen y fundacion hasta fin del año 1848 y descripcion de las bellezas artisticas y literarias que contiene escrita por el Bibliotecario de S.M. en dicho Monasterio, José Quevedo. Madrid:Establecimiento Tipográfico de Mellado, 1849.
Y la otra:
"Aún corría ese mismo año (1575) cuando hallándose en El Escorial el Rey y toda su familia en compañía de la reina Doña Ana, las infantas Doña Isabel y Doña Catalina y los dos príncipes Alberto y Wenceslao, hermanos de la reina, le presentaron las quijadas de un descomunal pez cuyas dimensiones debieron ser colosales. Desde una nave, dicen todos los autores, que se hallaba en el Océano, no lejos del estrecho de Gibraltar, descubrieron los marineros un enorme monstruo marino que les llenó de espanto: tiráronle un cañonazo, y herida la bestia en una de sus aletas rompió por el estrecho con espantosa velocidad y fuertes alaridos, yendo a encallarse a la playa de Valencia junto al lago de la Albufera, donde la encontraron muerta el día del Corpus de 1574, y de cuyo sitio desaparecieron todos los demás pescados, no se sabe si huyendo de la inmensa mole, ó espantados por el mal olor y la putrefacción. La longitud de su cuerpo era de 150 palmos, y su grueso por lo más ancho asemejaba á una torre de 100 palmos de circunferencia. Tenía la cabeza tan desmesuradamente grande que podían colocarse siete hombres en su bóveda craniana; por su boca podía entrar cómodamente un hombre á caballo, y sus ojos eran como dos rodelas. Tenían estraordinario volumen sus órganos genitales, y sus dos alas parecían las de una galera. Tan colosales dimensiones se conciben, como ya hemos dicho, á la vista de las quijadas que se conservan, cada una de 16 pies de largo con 20 dientes por banda, algunos de ellos de media vara y los más pequeños de un palmo. El vulgo dio en llamarle pez mular, por la semejanza de sus órganos genitales con los del mulo. Sigüenza es de opinión que podría ser un canis carcaria macho, pero su verdadero nombre es cachalote (*). Quiso Felipe II que estos enormes maxilares se conservasen en San Lorenzo, para admiración de cuantos los viesen, y en memoria de haberse cojido en su tiempo un animal tan disforme y poco conocido. Colgáronse, pues, de dos argollas de hierro en el lugar donde aún se ven, que es el zaguan junto á la puerta de las Cocinas."
(*) Cachalote, mamífero del orden de los cetaceos, que parece pertenecer a los mares intertropicales, pero que se halla igualmente bajo todas las zonas, y puede llegar a taner 30 metros de largo y 16 de circunferencia por la parte más gruesa de su cuerpo. Lo que caracteriza á ese monstruoso animal es el enorme volumen de su cabeza, que viene á ser una tercera parte de su longitud. El ambar gris se forma en los intestinos del cachalote, y parece ser el producto de una secreción mórbida: la especie más estendida es la del cachalote macrocéfalo , que proporciona toda la esperma de ballena que se emplea en el comercio. Los cachalotes son los gigantes de los mares, en donde reinan despóticamente: viajan siempre unidos, y en gran número.
Historia descriptiva, artística y pintoresca del Real Monasterio de S. Lorenzo del Escorial dedicada a S.M. la Reina Doña Isabel II y á Su Augusto esposo S.M. el Rey D. Francisco de Asís, por D. Antonio Rotondo. Madrid: Eusebio Aguado, 1862
Y ahora me pregunto yo cómo lo habría descrito el bibliotecario actual. Nos falta prosa. Nunca, en nuestros textos, veremos expresiones como "secreción mórbida", "animal disforme", "zaguán", "órganos de la generación", "rodelas", "quijadas", "grosez" o "el cóncavo de los sesos".
Como decía Sigüenza: alguno se holgará de saber estas menudencias.
